Muerte Acechante...

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Muerte Acechante...

Mensaje por ASTAROTH el Sáb Jul 19, 2008 12:54 pm

Que mejor para comenzar en el foro que uno de mis fics favoritos? Tiene ya algun tiempo y es realmente un mini fic en dos partes, pero bueno, espero que lo disfrutéis, mas tarde colgaré la segunda parte.


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MUERTE ACECHANTE


Todavía no entendía como había ocurrido, todo había sucedido muy rápido, y yo no había tenido apenas tiempo de reaccionar. Había llegado a casa con unas copas de más, y ella se había enfadado, habíamos discutido. Ella me insultó, y yo, en mi estado de embriaguez, le había propinado un golpe, ella tropezó y se dio con la cabeza en la esquina de la mesa del salón. Desde hacia diez minutos contemplaba su cuerpo inerte en el suelo, sobre un charco de sangre, no sabía que hacer, estaba paralizado. ¿Qué iba a decir, que fue un accidente? No, nadie me creería, no podría volver a mirar a nadie a la cara, y me pudriría en alguna prisión del estado. Además, ahora estaba solo, acababa de matar a la única persona a la que había amado, mi existencia carecía de sentido.
Finalmente, mi determinación, sumada a la locura que crecía en mi interior, me llevó a tomar una decisión. Así que, cogí el cadáver y lo bajé al garaje. Allí, con ayuda de un hacha y una sierra, descuarticé el cuerpo en pequeños trozos, y tal era mi desesperación que, hasta que no hube terminado el macabro trabajo, no me di cuenta de la aberración que estaba cometiendo ni de la sangre que salpicaba todo mi cuerpo.
Cuando al fin vi el resultado de mis esfuerzos, no pude contener mi angustia y caí al suelo, vomitando.
Mientras las lágrimas resbalaban por mi rostro, fui metiendo los restos de mi amada en dos bolsas de basura, para después introducirlas en el maletero del coche. Y así, tras limpiar la sangre y los fluidos que había derramado en el garaje, subí al coche y me dirigí hacia las afueras a toda velocidad.
Eran las tres de la madrugada cuando salí de casa, y la oscuridad se adueñaba de todo, incluyendo mi alma. Iba a ciento veinte por hora, en una carretera en la que no se podían superar los sesenta. En mas de una ocasión estuve apunto de provocar un accidente, debido a que mi visibilidad era emborronada continuamente por las lágrimas que no paraban de brotar.
Finalmente me desvié por un camino de tierra, en dirección a una pequeña cabaña que poseía en el campo, allí me desharía del cadáver.
Cuando llegué a la cabaña, bajé del coche y entré al cobertizo para coger una pala. Inmediatamente cogí las bolsas de basura y me adentré un poco en el campo. Con ayuda de la pala cavé un agujero de unos dos metros de profundidad, metí dentro las bolsas, y volví a rellenar el agujero. Luego esparcí por encima unos cuantos matojos para disimularlo y me alejé de aquel lugar maldito.
Cuando volví al coche, me senté y estallé en sollozos, golpeando el volante con ambos puños, ¿por qué aquello tenía que sucederme a mí? ¿Qué clase de pesadilla era aquella, de la cual no podía despertar?
Finalmente, pasados quince minutos, puse en marcha el motor y me dirigí de nuevo a mi casa.
Cuando salí de nuevo a la carretera vi una figura parada en medio de la carretera, parecía un autostopista, pero cuando los focos del coche iluminaron a la persona, distinguí el rostro de mi amada, a la que acababa de enterrar. Perdí el control del vehiculo y derrapé, haciendo un trompo. Debí de haber atropellado a aquella persona, pero cuando miré, no había nadie. La imaginación me había jugado una mala pasada, y la locura comenzaba a apoderarse de mi mente.
Cuando llegué a mi casa, dejé el coche en el garaje y me dirigí al cuarto de baño, sin reparar en que el charco de sangre del salón seguía allí, y no me había preocupado de limpiarlo.
Debía ducharme y deshacerme de aquella ropa ensangrentada, era un milagro que nadie me hubiese visto. Al mirarme al espejo, de nuevo el terror se apoderó de mí, pues en la pared que tenía a mi espalda pude ver una palabra escrita en sangre, era su nombre, el nombre de mi victima: Lacey. Pero cuando me giré aquel maldito nombre ya no estaba. La adrenalina, junto con las copas de hacía unas horas, habían vuelto a jugármela.
Después de este sobresalto, llené la bañera de agua caliente y me desnudé, dejando la ropa dentro de una bolsa de plástico.
Luego me metí en la bañera, sintiendo como el agua caliente desentumecía mis huesos y articulaciones. Durante una hora, bebí de una botella de whiskey que finalmente quedó vacía. En un estado de embriaguez completo, observé que algo flotaba en el agua, algo brillante, lo cogí y resultó ser una pequeña cuchilla de afeitar. Estaba claro lo que debía hacer, no podía seguir viviendo con el recuerdo de Lacey en mi mente para el resto de mi vida, así que cogí la cuchilla y me realice varias incisiones profundas en la muñeca, cortando mis venas y sentenciándome a muerte. La fricción de la cuchilla al cortar mi carne me produjo una tiricia insoportable, en lugar de dolor, pues el alcohol calmaba esa sensación.
Pronto comencé a desangrarme, y el agua de la bañera se tiñó de rojo, perdí la noción del tiempo, y la vista se emborronó, y cuando sentí más cerca el abismo de la muerte, vislumbré una silueta en la puerta del baño.

-¿La... Lacey? - Susurré con las pocas fuerzas que me quedaban.

Pero cuando la silueta se acercó, pude ver que no era ella, pues iba cubierta con un manto negro, y sujetaba en sus manos una guadaña. Le miré a los ojos, y pude ver las cuencas vacías y la eterna sonrisa de la muerte acechante…
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Re: Muerte Acechante...

Mensaje por *angi* el Sáb Jul 19, 2008 1:52 pm

wenas jeje sta mu xulo, sigue haciendo mas ok?? jeje ske me gusta muxo jaja
chao
y continua ehhhhhhh
me gusta muxo hasta ahora.



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Re: Muerte Acechante...

Mensaje por ASTAROTH el Sáb Jul 19, 2008 1:54 pm

En serio? jajaja, muchas gracias, en cuanto puedo subire la segunda parte, no descartes que esta noche ya estara colgada.
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Re: Muerte Acechante...

Mensaje por *angi* el Sáb Jul 19, 2008 1:57 pm

sta mu xulo jeje pues xa sabes date prisa
xo toy haciuendo uno para drama y amor
el diario de cristina es un poko....
pero es el primero jeje
weno animos

bss

angela☻☻

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Re: Muerte Acechante...

Mensaje por LuciDeOz el Sáb Jul 19, 2008 2:07 pm

hostiaaaa
O.O
Molaaaa!!
axoo pobree bounce
yo me habría suicidado antes xD aunque no me hubiera gustado que me odiasen por el crimen... o sea que lo que ha hecho está bien pensado. Y... ios... Ahora hay ansiaaaa. Kaachis, sube antes de las seis, sino... hasta el lunes no sabré nada xD
Está beeestiial!! =DD
Joder! Sabes? Cuando aparece la figura esa yo me habría metido debajo del agua... hasta luego, lukas...
xD

continúa prontoo clown




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Re: Muerte Acechante...

Mensaje por ASTAROTH el Sáb Jul 19, 2008 2:09 pm

pues a las 6 no se si estare, asi que intentare subirlo ya... XDDD
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Re: Muerte Acechante...

Mensaje por ASTAROTH el Sáb Jul 19, 2008 2:13 pm

Perdondad si hay faltas o errores, es que ni siquiera lo he corregido, bueno, espero que os guste.
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MUERTE ACECHANTE II - Alma en pena



Pero la guadaña de la muerte nunca llegó a cercenar mi alma. Un vecino que me había visto entrar en mi casa con la ropa ensangrentada, avisó a la policía. Dos agentes llegaron en el momento justo, y el primer castigo que me infligieron por mi crimen fue al simple hecho de no dejarme morir, pues puede decirse que vivir con mi tormento y mi locura es peor, mucho peor, que el sencillo olvido de la muerte.

Pase dos semanas recuperándome en un hospital, siempre vigilado por un agente, aunque esto realmente no era necesario, pues aunque mi estado físico había recuperado gran parte de su integridad, mi mente estaba sumida en penumbras, solo conseguía articular un sonido con la garganta: “Lacey”.
Mis ojos permanecieron abiertos, observando un punto fijo en el techo durante esas dos semanas, sin parpadear ni mover un solo miembro.
Mas tarde fui sometido a juicio, en el cual mi abogado declaró enajenación mental y solicitó mi internamiento en un centro psiquiátrico. El juez, apreciando a simple vista que mi estado mental era realmente deplorable, concedió esa sentencia, haciendo caso omiso de la petición de cadena perpetua que solicitaba el fiscal.
En mi mente hay muchas lagunas, y no recuerdo lo que ocurrió durante gran parte de este tiempo, pero si recuerdo que cuando el juez dictó sentencia y golpeó con su mazo, mi locura afloró, y yo, en un acto reflejo, me lancé al suelo con un grito, pues el sonido me recordó la imagen de mi hacha, despedazando el cuerpo de mi querida Lacey. Allí quedé, sentado en el suelo, encogido y balanceándome hacia delante y hacia atrás constantemente, había perdido por completo la cordura, y mi cerebro estaba muerto.

Me ingresaron en un centro psiquiátrico en New Jersey, y allí me sometieron a cientos de pruebas, tras las cuales me drogaban y me encerraban en una celda con el suelo y las paredes acolchados.
Después de cada sesión de pruebas y medicación, me dejaban agotado en mi celda, y allí caía en un sueño profundo, plagado de inquietudes y de horribles pesadillas. Soñé que volvía a ver a Lacey, observaba sus hermosas facciones, pero entonces su hermoso rostro se tornaba en una mueca de dolor, de su cabeza comenzaba a brotar sangre, su piel se putrefactaba y sus ojos desaparecían, pero lo peor era que, al despertar, ella seguía allí, plantada delante de mí, pero entonces los celadores acudían alarmados por mis gritos y me inyectaban una importante dosis de un potente tranquilizante, pero la visión no se desvanecía…

Cada día que pasaba en aquel espantoso lugar, aquella prisión de la mente y el alma, la locura se apoderaba más de mí, y mi alma comenzaba a perecer ante la oscuridad. Mis sueños estaban poblados de muerte y visiones que nublaban mi mente, enturbiaban mi juicio y oscurecían mi corazón.
Pero una noche, atormentado por mis sueños como tantas otras, todo ese torbellino cesó. Estaba soñando, y en mi sueño me encontraba solo, frente a un extraño altar de mármol negro. Detrás de este altar había un trono, y sentado en este trono, un hombre. La piel de este hombre era blanca como el marfil, lo que hacía un gran contraste con sus negros ropajes. Sus ojos eran de un rojo intenso, su pelo, de un negro brillante, caía liso sobre sus hombros. Entonces habló… con una voz tenebrosa como pocas ha escuchado ser alguno. Era como si mil almas en pena hablasen a la vez, guiadas por una única y potente voz, y supuse que así era.

-Mi nombre -dijo- es Astaroth, y te concedo aquello que me pidas, tan solo pido a cambio tu alma…

-Quiero… quiero… -balbucee- Quiero volver a tenerla entre mis brazos, volver a amarla y a besar sus labios, quiero a Lacey.

Astaroth sonrió, mostrando en una mueca horrible sus afilados colmillos. Se dio media vuelta y comenzó a andar hacia la oscuridad, con intención de marcharse. Yo, preso de mi furia me lancé hacia él con un grito, pero cuando lo agarré, se desvaneció como el humo y caí sobre el suelo acolchado de mi celda.
Algo había cambiado, pues la puerta estaba abierta, y la alarma sonaba de manera ensordecedora.
Salí de aquel cubículo infernal y lo primero que vi me dejó helado: un demente golpeaba una y otra vez la cabeza de un guardia contra el suelo. Debía de hacer rato que de centraba en aquella tarea, pues la cara del guardia era ya una masa de carne ensangrentada, irreconocible para cualquiera.
Seguí caminando por los pasillos, por donde pude observar evidencia de una insurrección de los internos, pues todo estaba destrozado, e incluso algunas zonas estaban en llamas.
Me crucé con un interno, con la mirada perdida, con unas cicatrices en la cabeza que delataban que había sido objeto de una lobotomía, pero cuando bajé un poco la mirada observé que sujetaba un pequeño destornillador con el que se perforaba continuamente la pierna, como si no sintiese dolor. Huí de aquella escena apresuradamente, buscando una salida, desesperado por abandonar aquel lugar. En aquella huida observé muchas más escenas de la locura retenida en aquel lugar, pero pude ver algo que no olvidaré jamás: un interno, colocaba su mano sobre el fuego, como cocinándola, y realmente lo hacía, pues tras quemar la mano, se la llevaba a la boca y arrancaba un trozo de su propia carne. Los recovecos de la mente humana son indescifrables, y en una mente enferma por la locura, todo son recovecos…
Corría sin rumbo por los pasillos de aquel recinto de pesadilla, y para mi sorpresa, parecía que ningún guardia seguía con vida.
Anduve durante 15 minutos hasta que acabé en una enorme sala, estaba a oscuras, así que busqué a tientas un interruptor. Cuando conseguí accionar las luces, pude ver para mi horror que me encontraba en el depósito de cadáveres. En las camillas, solo había un cuerpo, y observé el nombre de la etiqueta que llevaba en el dedo gordo del pie: “Lacey”. Retrocedí asustado, y cuando lo hice, las luces comenzaron a parpadear, y el cadáver comenzó a levantarse…
Vi el rostro descompuesto de Lacey, y supe de nuevo que las alucinaciones no habían cesado. Las puertas de las cámaras frigoríficas se abrieron, y de cada una de ellas salió un cadáver andante, y todos estos cadáveres resultaron ser el de Lacey. Me acosaban por todas partes, se acercaban, y yo me agazapaba en un rincón, balanceándome hacia delante y hacia atrás, cerrando los ojos con fuerza.

-Basta… basta… ¡BASTA! -grité desesperado, lleno de furia y locura.

Y entonces todo cesó, no había ruido, no había ni luces parpadeantes, ni el olor a antisépticos del depósito, tan solo una respiración suave y cálida que acariciaba mi rostro.
Cuando abrí los ojos de nuevo, vi que me encontraba en mi apartamento, acostado en mi cama, y enfrente mía, acostada, estaba Lacey, plácidamente dormida. ¿Todo había sido un mal sueño? Había sido muy real pero… ¡una simple pesadilla al fin y al cabo!
Pese a mi alegría y a mis ganas de abrazar a Lacey, preferí dejarla dormir, así que pasé las horas observando su belleza, su hermoso cabello, su rostro angelical…
Por fin, alrededor de las siete de la mañana, entrando ya el sol por la ventana, Lacey abrió los ojos. Le dediqué una sonrisa y busqué sus labios con los míos. Aquello fue para mí como el primer beso, y no era capaz de entender como una simple pesadilla podía cambiar tanto mi vida. Durante una hora mas o menos, nos entregamos el uno al otro, olvidando el bache que estábamos pasando en nuestra relación, volviendo a amarnos como no habíamos hecho desde que éramos unos veinteañeros.
Mas tarde ella se marchó a trabajar y yo me metí en el cuarto de baño para ducharme. Me desnudé y me puse bajo el chorro de agua tibia, que reconfortó mi piel nada mas tocarla. Pensé en Lacey, pensé en lo mal que lo habíamos pasado en los últimos meses, y me alegré de que todo volviese a ser como antes, ambos nos amábamos y nada podía cambiar eso.
Salí de la ducha y comencé a secarme, para después enrollárme la toalla alrededor de la cintura. Me dirigí frente al espejo, que se había empañado. Pasé la mano por la superficie húmeda, y lo que vi allí hizo que se me helara la sangre, puesto que en el espejo no estaba mi reflejo, sino la diabólica figura de Astaroth.

-He cumplido mi parte. -dijo con su voz sobrenatural- Ahora tu alma me pertenece.

Sentí una punzada en ambos antebrazos, y vi que tenía profundos cortes que segaban mis venas y por los que manaba sangre en abundancia. Comencé a marearme, caí al suelo, y en unos pocos minutos, mi vida desapareció.

Ahora vago por un mundo de oscuridad, plagado de almas en pena que, al igual que yo, vendieron su alma al señor de la oscuridad, al duque del infierno y príncipe de la lujuria, rey de los deseos, Astaroth.
Pero desde los mas profundo de mi corazón, siento que esta condenación eterna, es para mí un precio justo por volver a verla, por no haberla asesinado, por volver a acariciar sus labios y volver a sentir su calor. Así que, desde este infierno, la esperaré escribiendo esta carta, al cuidado de la esperanza de que algún día podré volver a verla.


Ahora os invito, mortales, a que si en el rincón mas oscuro de vuestro corazón, teneis un deseo puro, por el que merezca la pena morir, sufrir, y matar, que pongais al pie de este documento, un contrato, entregándome vuestra alma, y pidiendo vuestro deseo.

ASTAROTH
Príncipe
de la
Dulce Pena


“Si algo merece la pena, es que merece la pena morir por ello.”


Última edición por ASTAROTH el Sáb Jul 19, 2008 4:37 pm, editado 2 veces
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Re: Muerte Acechante...

Mensaje por LuciDeOz el Sáb Jul 19, 2008 3:06 pm

ALUCINANTE

la lechee
qué imaginación! ya tienes el futuro asegurado xD

está bestial, ni siquiera he despegado ojo de la pantalla XD
el hecho de que sea una carta... narrada por un alma en pena, por decirlo así, está... ios, muy bien pensado.
es curioso cómo los que de verdad aman serían capaces de entregar el alma por su persona querida, hoy en día pocos lo harían.. es algo realmente honorable. Y me ha sorprendido al verlo =D
xD

se nota que está trabajado!!o que rebosas imaginación jaja


Me voy, me ha llegado la hora XD de irme al campo u.u (¬¬..)



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Re: Muerte Acechante...

Mensaje por *angi* el Sáb Jul 19, 2008 3:45 pm

bueno ke has segui no???
jeje muy bien me enkanta
axo no se komo puees escribir asi
jeje
siguela me gusta muxo de verdad

chao

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Re: Muerte Acechante...

Mensaje por ASTAROTH el Sáb Jul 19, 2008 4:32 pm

muchas gracias por la critica en serio, y lux cifer... quedan pocos que lo harian, pero porque quedan pocos que realmente amen, mas bien hoy en dia amar en muchos casos se ve como "bueno, nos enrollamos? tienes buen culo", asi que...
Bueno, vere a ver que mas fics subo. Muchas gracias de nuevo.
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Re: Muerte Acechante...

Mensaje por LuciDeOz el Lun Jul 21, 2008 11:03 am

sí, tienes razón..

A la espera* xDD
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Re: Muerte Acechante...

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