BITEFIGHT - Astaroth

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BITEFIGHT - Astaroth

Mensaje por ASTAROTH el Lun Jul 21, 2008 3:19 pm

Aqui os dejo un fic con la historia de mi paso por el juego de rol Bitefight, en este fragmento comenzare con mi conversion a manos de Arlenne (paola) y el descubrimiento de Miriam. Para cuando llegue al momento del clan espero tu colaboracion eh lux cifer?
Disfrutadlo.
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BITEFIGHT
ASTAROTH


Muchos siglos han pasado desde aquel tiempo, el tiempo de la Magra, cuando los vampiros caminaban sobre la tierra, cuando éramos un imperio… Ahora no queda nada de aquella época gloriosa, nos escondemos en las alcantarillas, alimentándonos de vagabundos, e incluso de ratas. Nos estamos extinguiendo y yo voy a contar mi historia, la historia de Astaroth, duque del infierno, príncipe de la dulce pena.



Cuando era tan solo un humano, mi vida estaba maldita, entregaba cada segundo de mi vida a la depravación. Adoraba al señor de la oscuridad, dedicaba mi vida al culto satánico, y en ello me fui consumiendo. Mi familia había sido asesinada por el señor feudal que poseía nuestras tierras, y a la única mujer a la que había amado, por la cual mi corazón latía cada día de mi vida, había sido condenada por la Inquisición a arder en la hoguera. Nada en mi vida tenía ya sentido…
Una noche, caminaba sin rumbo fijo, y entré en un extraño lugar, una oscura taberna en un estrecho callejón. El ambiente estaba cargado, tanto que me costaba un poco respirar. Oscuras miradas se posaban sobre mi, miradas de gente extraña, todos tenían una pálida piel que les hacia parecer cadáveres andantes, pero no me importaba, solo quería beber, así que me senté en una mesa en un oscuro rincón de aquel siniestro lugar.
Una camarera pasó por al lado de mi mesa y dejó una jarra de vino, un vino de apariencia muy espesa. Me lo llevé a los labios, y sentí el agrio sabor de la sangre caliente. Escupí lo que había bebido con repulsión, y el terror llenó mi mente en pocos segundos ¿dónde me había metido?
Cuándo estaba a punto de salir corriendo de allí, una mirada se posó en mi desde el otro lado de la sala. Eran los ojos de una mujer, una mujer hermosa, unos ojos que me incitaban a soñar con días mejores. Me paralizaron, no podía moverme, tal era el sentimiento que me apabullaba, tal era el éxtasis en que me sumió aquella antinatural mirada. La mujer se fue acercando poco a poco al lugar en que me encontraba, y a medida que se aproximaba sentía en mi rostro una sensación de frescura, como si toda la tristeza se desvaneciera.
Ella se acercó y se sentó a mi lado, mirándome, con unos ojos brillantes y plateados. Yo le devolví la mirada, suplicando su amor, pues quedé prendado de ella al instante, con una sensación que jamás podré explicar. Pero yo entendí aquella sensación, la entendí nada más ver acercarse su boca a mi garganta, nada mas ver sus colmillos, afilados y brillantes como agujas de nácar. Pero aún a sabiendas de lo que me esperaba, no hice nada para evitarlo, en vez de ello lo acepté, acepté morir a manos de aquel ser, un ser hermoso como pocos había visto en mi miserable vida, moría a manos del ángel negro.
Ella bebió de mi sangre durante unos minutos que a mi me parecieron dolorosamente eternos, y aunque dolorosos, fueron los minutos mas placenteros de mi vida. En el momento en el que ella dejó de beber, sentí una punzada de dolor en lo mas hondo de mi ser, y mi corazón dejó de latir. Vi pasar mi vida ante mis ojos, como un huracán de imágenes que se empujaban unas a otras sin ningún orden ni control, pero luego vi imágenes que no me resultaron en absoluto familiares, pues eran imágenes de su vida, de la vida de mi asesina, Arlenne, se llamaba, y su vida, al igual que la mía, parecía estar plagada de desgracias, hasta que alguien le transformó. Cuando alcancé a ver el lapso de la muerte de Arlenne, desperté. Desperté en una pequeña habitación, una especie de celda. Pude ver que mis ropas andrajosas habían desaparecido y habían sido sustituidas por unas elegantes vestimentas de terciopelo negro y cuero brillante. Mi piel era ahora blanca como la leche y las venas se marcaban como azules caminos. Notaba fluir mi propia sangre, pero también notaba que mi corazón no latía, pues estaba muerto, murió junto con mi alma mortal. Mis caninos habían crecido y ahora eran afilados colmillos, como los de mi creadora, que se alzaba majestuosa ante mí.
Aún a sabiendas de que aquella mujer me había maldecido para toda la eternidad, no podía reprimir un sentimiento de amor hacia un ser tan bello.
Me levanté del camastro que ocupaba y me acerqué a ella, me puse a su altura, la miré a los ojos, ¡que hermoso era mirar al diablo a los ojos!
Pero mi nuevo cuerpo inmortal estaba débil, no se tenía en pie, y caí de rodillas, a los pies de Arlenne. Ella me miró con una sonrisa en los labios, una mirada materna, pero aparte de esto, en sus ojos no hallé más que odio y desprecio.
Arlenne me dio entonces un cáliz lleno de sangre, sangre que bebí con ansia, sangre mortal para mi cuerpo inmortal, el cual se fortaleció al instante. Pero cuándo alcé la mirada de la copa, Arlenne ya no estaba allí, había desaparecido, dejando como único rastro las cortinas mecidas por el viento en una ventana abierta. Me abandonó a mi suerte y quedé allí, siendo en la muerte igual que viví en vida, un ser solitario, sin nadie a quien amar…
Con el tiempo, fui descubriendo mis poderes antinaturales, mi fuerza desmesurada y mi velocidad demoníaca. Todo era perfecto, era inmortal, tenía el mundo a mis pies, pero aun así sentía ese vacío en mi interior, un vacío que en algún momento estuvo lleno de amor, afecto y… vida. Ahora lo único que me separaba de la muerte completa era la oscuridad y la sangre que me veía obligado a ingerir cada día, y realmente, no era algo que me disgustase, la sangre era un alimento divino, tenía el mas sutil de los sabores, pero en ocasiones la amargura me asaltaba al pensar en todas esas personas que habían muerto bajo mi mano para que yo pudiera vivir un día mas.

Una noche de otoño, pocos años después de mi demoníaca conversión, vagaba por un sombrío cementerio. Fue aquel lugar el que elegí para reflexionar, un lugar de retiro en el que podía quedarme a solas con mis pensamientos, sin más compañía que los inmateriales espíritus de los que allí yacían.
Me gustaba aquel lugar, era lúgubre, sí, pero aquel tenebrismo y mal agüero de los viejos cementerios, solo parecían transmitir una graciosa ironía a los que ya habían muerto, era un lugar en el que los terrores mortales acudían a llorar, y donde la propia muerte tuerce el gesto, haciendo desaparecer por un instante su eterna sonrisa para llorar su penosa existencia.
Pero aquella noche me deparaba una sorpresa. Sumido en mis pensamientos acabé dirigiéndome hacia la capilla del cementerio. No solía entrar en aquellos templos malditos, pero aquella noche hice una excepción, pues me sorprendió vislumbrar una luz titilante al otro lado de las ornamentadas vidrieras. La curiosidad fue la que me empujó a entrar en el lugar, y aún hoy me pregunto si habría sido mejor no entrar, pasar de largo, como la brisa que huye despreocupada de los problemas de los demás.
Como un espectro, me colé en el templo, sin producir el más mínimo ruido al mover el pesado portón de bronce. Desde la entrada contemplé asqueado el crucifijo que pendía sobre el altar, con un Jesucristo agonizante que parecía suplicar en su mirada el cese del interminable dolor, renegando de los designios de su padre. Cristo crucificado… pálida incompetencia colgada de un árbol.
Tras dirigir un gesto obsceno hacia este símbolo de corrupción, inspeccioné con la mirada el resto de la sala. Tan solo vi una oscura figura, la silueta de una mujer, arrodillada en un banco de la capilla.
Me acerque hacia ella con elegante sigilo, colocándome junto a ella, que continuó en actitud de oración, pues ni siquiera había percibido mi cercana presencia. Era una joven hermosa, de piel pálida y facciones suaves y bellas. Era una hermosa presa… y sería una hermosa hija.
Observé como de sus ojos escapaban lágrimas furtivas, que formaban surcos en sus sonrosadas mejillas, ríos de tristeza que no hacían más que acrecentar su belleza.






Tras observarla detenidamente durante unos minutos, apoyé mi mano en el respaldo del banco siguiente, y ella, al percibir ese movimiento, dio un respingo de terror, y se quedó mirándome fijamente, como si, en efecto, hubiese visto un fantasma. Tardó unos segundos en reaccionar, y cuando lo hizo, me deleité viendo como se sonrojaba presa de la vergüenza.

- Di… disculpe, no le había visto. –Dijo en voz baja, casi imperceptible.

- Oh, no te preocupes gyerek*, suelo causar esa sensación.

La joven se ruborizó aún más ante la familiaridad con la que la trataba, y lo disfruté.





*Gyerek: Del transilvano (hungaro), se traduce por niño/a, o en este caso, pequeño/a
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Re: BITEFIGHT - Astaroth

Mensaje por LuciDeOz el Mar Jul 22, 2008 12:28 pm

la leche XD

utilizas bestialmente la descripción...cómo te las apañas!!? yo para eso necesito días enteros XD es desesperante.. u.u

Me encanta!!!!!!!!!

Jujuju

sube prontoo astaroth!!!

^^

Padre e hija?

UuuUuuumm... Ya veremos lo que pasa... xD

Suubee!! *,*
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